Algunos individuos que se identifican con el pensamiento de derecha dicen cosas como que ahora hay más gays que antes, más trans, más feministas. Y suenan estúpidos cuando comparten ideas conspiranóicas basadas en su homofobia, pero esta vez tienen razón. No hay que decirles, porque ya son insoportables, imagínate les diéramos en el gusto, no se lo merecen.

Hace unos años, en los 90s, el 92 quizás, dos científicas feministas israelíes lideraron una investigación con la que descubrieron una peculiar característica en la cannabis. Un compuesto químico orgánico que estimulaba a nivel neuronal la parte “femenina” del cerebro, al liberar hormonas comúnmente asociadas a la menstruación, además de producir una gran sensación de paz. La llamaron femanandamina.

Llegaron a estas conclusiones a través de una prolongada investigación multidisciplinaria, que contó con un equipo compuesto por un psiquiatra, dos bioquímicas y un antropólogo, más dos estudiantes. Cuando lograron aislar este compuesto y probarlo en estado puro sobre sujetos de prueba, se dieron cuenta que uno de los efectos más pronunciados a largo plazo era una nueva apertura frente la orientación del deseo. Los hombres biológicos heterosexuales del estudio, comenzaron a tener fantasías homosexuales, algunos llegaron a experimentar en tríos bisexuales, role-playing y pegging. Después de un tiempo desarrollaron una empatía hacia el resto, inédita en los sujetos. Las mujeres biológicas mostraron una exacerbada actitud gregaria, tuvieron experiencias lésbicas, y se presentó en ellas el mismo tipo de empatía social, que se evidenciaba en sus deseos de participar en actividades políticas, de cuidado hacia los más vulnerados y animalismo. Tanto hombres homosexuales como mujeres lesbianas, no mostraron cambio en su deseo sexual, pero mostraban el tipo de marcada empatía que se presentó en el resto. Los participantes del estudio comenzaron a reunirse entre ellos, convocar reuniones políticas y fiestas informales.

Hacia el fin del año académico los resultados del estudio comenzaban a perturbar a quienes miraban desde afuera, los participantes habían sido obligados a firmar un acuerdo de confidencialidad, pero su nueva actitud los diferenciaba del resto y todos notaban los cambios. “La invasión cola”, así tituló este fenómeno un periódico que nadie leía, pero que preocupó mucho a las autoridades universitarias. No podían dejar que la opinión pública perjudicara el prestigio de la institución. Cortaron el financiamiento a la investigación, el estudio se detuvo inmediatamente y solicitaron a los científicos a cargo entregar los resultados para revisión.

Al día siguiente las dos bioquímicas habían huido de la ciudad, con todos los documentos, análisis, computadores y muestras. Los científicos que quedaron atrás fueron despedidos, por no colaborar con la policía, lo que llevó a suponer que habían colaborado en el escape.

Los sujetos de prueba no volvieron a ser como antes cuando suspendieron el uso de femanandamina, el compuesto demostró provocar feminismo, homosexualidad y veganismo irreversibles. Las mujeres que escaparon se dedicaron al cultivo de una cepa especial de marihuana que exacerbaba los efectos de este compuesto, y la distribuyeron de manera clandestina. Las semillas llegaron a todas partes del mundo.

Say Something