Cuando chica una de las cosas más divertidas de venir a Santiago — fantaseando desde El Salvador, pueblo minero de la tercera región— era poder ir al McDonalds. Debe haber sido como el 95, que fui por primera ver al de Kennedy, que está al lado del Parque Arauco. Pedía la cajita feliz, pero me comía solo las papas fritas. Cuando chica no me gustaba el queso, pero recuerdo haberle dado una oportunidad a ese queso cheddar color amarillo brillante, y lo odié. Lo odié con el odio que siente una niña mañosa de 5 años. Por eso no me comía la hamburguesa. Y por eso mis papás odiaban llevarnos al McDonalds.

 

Aquí no había McDonalds

Me gustaba coleccionar los juguetes que traía la cajita feliz. A veces todavía me dan ganas de comprar la cajita feliz por los juguetes (quizás lo he hecho). Y creo que es equivalente a comprarse un café en el starbucks, pero peor.
Cuando volvía a Salvador presumía de mis juguetes chinos del McDonalds, como la gente presume sus vasos de starbucks.

De lo que vive esta cafetería gringa, que ilustra bien cómo funciona nuestro actual sistema de estatus aparente, muchas personas eligen starbucks por la asociación inconsciente que hacen entre precio y calidad, como que por costar 3 lucas un vaso de café con leche y azúcar, es más kuiko. Todos ceden a la fantasía de que en apariencia parecen más pudientes, sostener un vaso de starbucks es sostener la idea de que no te importa pagar esa plata por un café.

 

Y esa pulsión irrefrenable de tomarse una foto con la hueá
Y esa pulsión irrefrenable de tomarse una foto con la hueá

Y no es que el café sea particularmente malo. Tal vez lo es en el sentido de que acá en Chile la cadena no respeta a su sindicato de trabajadores (baristas del mundo, uníos). Pero el grano que venden, no vale su precio. Es un grano arábica, que en su origen tiene buena calidad. Pero lo queman. A los gringos no les gusta el café tostado, les gusta quemado, el grano negro y aceitoso (cuando el grano empieza a liberar ese aceite negro sobre su cáscara es que ya está quemado). Y aunque lo busques, o lo solicites al barista de turno, nadie sabe cuándo fue tostado.

El café, o el grano del café, como un vegetal, antes de ser consumido debe ser cocinado. Tomar un café recién tostado es como comer algo recién hecho. Cuando tomas un café que ha sido conservado durante mucho tiempo, estás comiendo papas fritas viejas, pre-congeladas. Quizás no esté malo con azúcar y leche, pero en el paladar lo vas a sentir amargo y ácido, las características que obtiene el café viejo.

Alimenticia, y socialmente, comprar y elegir starbucks es lo mismo que comprar y elegir el McDonalds. Pero más caro. El McDonalds por lo menos lo justificas por su precio y accesibilidad, por la misma plata que te compras un café, te comes una hamburguesa, unas papas, y una bebida. Y si necesitas la cafeína inmediata, cómprate un café en el McDonalds también, si ya no te respetas a ti mismo.

 

Me gusta mucho más esta propuesta estética
Aunque me fascina que asocien la sirena del isotipo con el satanismo

Solo como McDonalds cuando estoy curá o con bajón, pero ya nunca voy al Starbucks (excepto para robar wifi). Ahora tomo solo café recién tostado y no siento los efectos dañinos que antes asociaba al consumo de café, como el dolor de guata. Preparar el café cada mañana implica considerar el tiempo necesario para moler el café, darle su tiempo de infusión, y me encanta, le da otro valor a tomar café, y siento el sabor del grano en su mejor momento.

 

Say Something