El maquillaje me produce placer físico. Así es, ponerme un iluminador bonito realmente me provoca cosquillas en la guata —especialmente después de un bongazo y escuchando Feeling Myself—, por eso mismo cuando una marca se dedica a hacer productos visualmente placenteros y de buena calidad empiezo una relación romántica adolescente con ella: me obsesiono, reviso el Instagram todo el día, videos en YouTube y cada lanzamiento me dispara la ansiedad. Mi pololeo actual es con Charlotte Tilbury (uniéndose al poliamor que sostengo actualmente con Anastasia Beverly Hills), quien aparte de hacer productos maravillosos, me calienta el feminismo liberal de una forma que no puedo explicarles. Ok, en realidad sí, sí puedo.

US_FilmstarsGo_Competition_1No todas las mujeres se sienten ligadas al maquillaje, ni se obsesionan con su imagen, pero la experiencia femenina en la sociedad occidental está asociada a ansiedades del cuerpo, por la imposiciones propias de un estándar de belleza imposible, y así la posibilidad de intervenir la propia imagen se vuelve una herramienta relevante en la construcción de identidad de género.

La industria de la belleza (como cualquier otra industria en realidad) es una que está marcada trasversalmente por la presencia de hombres-blancos-cis: en sus directorios, gerencias, y básicamente cualquier piso jerárquico donde se tomen decisiones relevantes. Si admitimos que se necesita un poco más que conocimiento paternalista y encuestas para entender las necesidades de las mujeres, se podría considerar —por ejemplo— escucharlas, o mejor aún incluirlas, pero ay ¿para qué? Ese es el error de una industria acostumbrada a invalidar el comentario femenino.

"¿por qué me miran a mi? solo soy un modelo de catálogo de fotos"
“¿por qué me miran a mi? solo soy un modelo de catálogo de fotos”

Con estas mujeres que lideran sus propias marcas viene el futuro, y en mi experiencia como obsesivo del maquillaje, las marcas manejadas por mujeres, maquilladoras o no, han probado ser las de mejor calidad y que pueden resolver con más ingenio necesidades específicas.

Así entra Charlotte Tilbury. Charlotte, una mujer inglesa, energética y cosmopolita, que habla de celebridades a las que maquilla y del New York fashion week como uno habla de gifs de gatos (con EMOCIÓN y MAYÚSCULAS), pero que al mismo tiempo es vulnerable y quizás un poco insegura.

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Para ella su impresión del maquillaje cambió cuando volvió en su adolescencia de un internado en Inglatera a su hogar en Ibiza, donde casi no se usaba maquillaje, y la gente la vio con rímel puesto. Dice haberse vuelto instantáneamente más popular y ser considerada como más bella y madura. Al principio eso la entristeció, diferenciarse significa también distanciarse, pero luego se dio cuenta de él poder que eso implicaba, de ahí su amor, o más bien dicho obsesión por el maquillaje. Desde entonces nunca se le ha visto sin maquillaje, e incluso en un tutorial de sus signature smokey eyes ella muestra su lado más vulnerable al comentar este mismo hecho y aparecer con maquillaje desde el principio del video.
Son sus inseguridades, su sensibilidad, lo que la permiten empatizar con las mujeres de un modo auténtico, potenciando una línea de maquillaje exitosa y un canal de YouTube maravilloso. Además hace el esfuerzo consciente de incluir toda clase de mujeres, todos los colores de piel, poniendo especial énfasis en las pieles maduras, lo cual no es menor considerando que joven y blanquísima suele ser el estándar en la industria de la belleza.

Hablemos de los productos mismos por un segundo. Los contenedores combinan mis dos colores favoritos el morado-rojizo y el oro rosa, lo cual ya me pone a transpirar. La idea, el diseño y la calidad de la mayoría de los productos también son maravillosos: los correctores son humectantes, el polvo tiene cera de rosas (lo que evita que se vean polvorientos) y los iluminadores parecen haber pasado por el moledor más fino que existe. Ella separa las cosas por color de ojos y color de piel, facilitando la elección de cosas como colores de contorno o de iluminador.

No creo que vuelva a usar otro corrector que no sea el Retoucher ni un bronzer/iluminador que no sea el Filmstar Bronze and Glow.
No creo que vuelva a usar otro corrector que no sea el Retoucher ni un bronzer/iluminador que no sea el Filmstar Bronze and Glow.

Lamentablemente no todo es perfecto y aunque Charlotte tiene mucha sensibilidad para algunas cosas le falta muchísimo para otras. Los productos son carísimos, es realmente una línea de maquillaje de lujo que compite con Tom Ford y Kevyn Aucoin. Y a pesar de contar con una línea de colores bastante amplia, tanto la base Light Wonder como la Magic Foundation dejan fuera a los colores más oscuros, que tienen necesidades sumamente específicas. Por eso mismo me gustaría verla colaborar con mujeres negras y crear productos que las incluyan.
Obviamente lo más satisfactorio seria que no existiría este nivel de opresión, sometimiento y juicio constante sobre los cuerpos femeninos, que llevan a las mujeres a necesitar derivados del petróleo en múltiples formas para poder llevar a cabo un día que no esté lleno de inseguridades e incomodidad. Soñar es gratis, y no son los planteamientos ni las metas del feminismo liberal.
Aun así, yo te tengo fe Charlotte, yo sé que lo intentaste con el Film Star más oscuro, pero no le hacía ni cosquillas a pieles como las de la modelo que usaste. En fin, así siempre ha sido el feminismo blanco/liberal accidental, pero dentro de sus propios parámetros sigo amando a Miss Tilbury y no puedo esperar a ver cuál será su próximo producto.

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